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Leyenda de la yerba mate

Nuestra Historia | 20/10/2017

Contaban los ancianos que a la vera de un arroyo, en medio de la selva misionera, se había detenido un indio de mucha edad que, agobiado por el peso de los años, ya no podía seguir a su tribu.

Los suyos siguieron su camino, el natural deambular de los guaraníes, que no se asentaban en un lugar más allá de lo que duraba una cosecha. Quedaron entonces el anciano y su hija, la hermosa Yarí, que no quiso abandonarlo, solo en la espesura del monte.

Una tarde llegó hasta su refugio un extraño viajero, que hablaba el mismo idioma que ellos, pero a quien su traza y sus ropas lo hacían ajeno a la región. Yarí y su padre asaron un acutí y convidaron al extraño con ese y otros humildes manjares que les brindaba el monte.

Al recibir tanta hospitalidad y esfuerzo de parte del padre e hija, el visitante, que no era otro que Tupá (el Dios del bien), quiso recompensarlo para que
pudieran dar siempre un generoso agasajo a sus huéspedes y aliviar sus largas horas de soledad.

Hizo brotar Tupá una nueva planta en la selva y nombró diosa protectora de ella a Yarí. Les enseñó a secar sus ramas al fuego y preparar una exquisita infusión que repondría las fuerzas de quien la tomara y haría las delicias de sus visitantes.

Quedó pues la planta bajo la tierna protección de la hermosa joven, que fue desde entonces Caá Yarí, custodia de los yerbales y su fruto.

El regalo de Tupá, la infusión vivificadora, no era otra cosa que nuestra yerba mate.

Leyenda de la yerba mate para niños

Nuestros amigos de PakaPaka nos cuentan otra de las versiones de la leyenda:

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