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mate en el origen de la independencia

El mate en el origen de la independencia

Nuestra Historia | 15/01/2018

“El mate es el único rito que sobrevive intacto desde 1816”. Así de contundente. Lo afirmó el historiador Miguel Ángel De Marco, en una nota publicada por el diario Clarín que revela costumbres de la época poscolonial y en el marco de los fetejos del Bicentenario de la Declaración de la Independencia argentina.

“¿Qué rasgos de la vida cotidiana de 1816 llegaron a nuestros días?”, preguntó el periodista. “Mientras en una megalópolis como Buenos Aires la vida cotidiana se desenvuelve a un ritmo condicionado por un medio frecuentemente hostil, en las ciudades y pueblos del interior se conservan con mucha nitidez ciertos rasgos de hace doscientos años. Se duerme la siesta, se realizan reuniones familiares prolongadas, se participa en las procesiones religiosas. Sin embargo, hay un rito que proviene desde varios siglos atrás y sobrevive intacto en todo el territorio argentino: el mate”, respondió Miguel Ángel De Marco.

Y mientras debatían si declaraban la independencia, el 9 de julio de 1816, en la Casa de Tucumán, ¿se tomaba mate? Nuestra hoy Infusión Nacional, ¿formó parte de aquellos extensos e importantísimos debates? “Que no quepa duda que todo el mundo tomaba mate”, aseguró el escritor Pau Navajas. “La historia se escribe posteriormente y por ello se perdieron detalles de la vida cotidiana, pero seguramente los congresales tomaban mate; de hecho todos lo que trabajaban lo hacían mientras ejercían sus labores, como ahora”, comentó en una nota cedida a La Gaceta este hombre que escribió el libro “Caá Porã. El Espíritu de la Yerba Mate”, obra que aporta datos históricos poco conocidos de esta infusión, como la implicancia que tuvo en el desarrollo de la identidad y la economía de nuestro país.

“En 1816 había un contexto de comarcas aisladas, con fortísimos regionalismos y el mate era uno de los pocos elementos transversales, como el poncho. Era un elemento de construcción de identidad común. Por ello, debe haber tenido un rol muy importante en esa fecha, algo bueno para investigar profundamente ya que ninguna crónica o ilustración muestra a los congresales tomando mate en las sesiones”, destaca Navajas y agrega que mediante los relatos de extranjeros que visitaban estas tierras se pudo reconstruir ciertos datos, como la singularidad de alcanzar a toda la sociedad (ricos, pobres blancos, negros, esclavos, aborígenes, españoles, hombres, mujeres jóvenes y viejos) y que se compartiera entre esclavo y patrón, o soldado raso y General.

“ (El mate) siempre tuvo esa cualidad de atravesar fronteras y estratos sociales. Y por supuesto que la clase alta tomaba mate, y de la forma más refinada que se haya tomado: no solamente era yerba y agua, sino lo consumían con leche, crema, canela o clavo de olor. Ellos llevaron al mate a un desarrollo gastronómico mayor que el que tiene ahora”, relata Navajas.

Así las cosas, el MATE nos viene acompañando en estos 200 años.

“La familias ricas mandaban a labrar sus mates a potosí, con la plata de ahí. Cuanto más ostentoso, elaborado y barroco fuera, más refinado se lo consideraba. También tenían la figura de la cebadora, que se ubicaba en las salas de las casas. En aquel entonces el mate se ofrecía como hoy se ofrece un té o un café. Había utensilios para mate dulce y otros para mate amargo, y como no había pava se usaba un caldero o una jarra de fabricación extranjera; mientras que en las salvillas (bandejita ubicada en el pie del mate) se acostumbraba poner una flor si llegaba de visita una mujer distinguida o un bizcocho para un hombre”, detalló la sommelier Valeria Trapaga, enriqueciendo la recuperación de la historia de nuestra infusión.

Hubo un tiempo, en el siglo XX, en que el mate tuvo mala prensa y las clases altas fueron rechazando esta costumbre ancestral originaria de los guaraníes. “Con la corriente higienista, que nace a mitad del siglo XIX, se descubre el contagio y con ello la costumbre de matear está en baja; el proceso de estigmatización o desprestigio de lo nativo también influye en esta infusión de origen indígena; y también el ingreso del té inglés, que era más barato que la yerba y considerado más refinado; entre otros factores”.

Tantos años, tanta historia… y el mate siempre presente. Quizás una de las mejoras formas de celebrar el Bicentenario de la Patria –que no necesariamente debe ser recordado sólo el 9 de julio sino todo el año- sea preparando y organizando una ronda matera, esas que sellan momentos fraternales e inolvidables.

Manuel Belgrano y el mate

Para cerrar, vale destacar que el mate que utilizaba Manuel Belgrano puede ser apreciado en Instituto Nacional Belgraniano, en la ciudad de Buenos Aires, y también es grato memorar que otro gran prócer, José de San Martín, tenía por costumbre consumir la infusión. Los libros de historia

Ricardo Cicerchia, historiador que privilegió el estudio de lo cotidiano de nuestra Argentina, relata por ejemplo que “un joven militar de la época, José de San Martín, solía transitar estas tertulias con mucho éxito… disfrutaba los bailes en casa de familia -le gustaba mucho la contradanza- y hacía gala de ser un hombre de mundo, orgulloso de su aire europeo y seguro de su porte. En una tertulia, justamente, conoció a su futura mujer, Remedios Escalada.¿Qué se hacía además de bailar?-Eran reuniones sociales con una agenda bastante prefijada. Incluso se sabía de antemano cuándo se iba a danzar un minué y cuándo un gato. Había algo curioso: se trataba de una manera muy pautada de vivir el tiempo libre ya que la invitación dejaba en claro el horario: de las 20.30 a un poco antes de medianoche. La comida también tenía su lugar durante las tertulias; se servían pasteles y se tomaba mate, chocolate o té de menta”.

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